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Con tu traje de flamenca

Con tu traje de flamenca
y tu gracia mexicana,
tienes que venir a la feria
de mi tierra sevillana.

Ya veras cuando pasees
debajo de la portada
como las miradas se vuelven
para tocarte las palmas.

Y entraremos en las casetas
cogidos de la cintura
tu, con tu sonrisa bella
yo con cara de aventura.
En el tablao un taconeo
y en las barras unos finitos
en un apartado diez besos
y para terminar mojitos...

Pero la noche no acaba
hay un caldito caliente
con aroma a yerbabuena
para calentar el ambiente.

Y ya a la amanecida
unos churritos sabrosos
un beso y mil caricias
mientras te miro a los ojos.

















Ya el sol esconde sus rayos,


Ya el sol esconde sus rayos,
el mundo en sombras se vela,
el ave a su nido vuela.
Busca asilo el trovador.

Todo calla: en pobre cama
duerme el pastor venturoso:
en su lecho suntüoso
se agita insomme el señor.

Se agita; mas ¡ay! reposa
al fin en su patrio suelo;
no llora en mísero duelo
la libertad que perdió.

Los campos ve que a su infancia
horas dieron de contento,
su oído halaga el acento
del país donde nació.

No gime ilustre cautivo
entre doradas cadenas,
que si bien de encanto llenas,
al cabo cadenas son.

Si acaso, triste lamenta,
en torno ve a sus amigos,
que, de su pena testigos,
consuelan su corazón.

La arrogante erguida palma
que en el desierto florece,
al viajero sombra ofrece,
descanso y grato manjar.

Y, aunque sola, allí es querida
del árabe errante y fiero,
que siempre va placentero
a su sombra a reposar.

Mas ¡ay triste! yo cautiva,
huérfana y sola suspiro,
el clima extraño respiro,
y amo a un extraño también.

No hallan mis ojos mi patria;
humo han sido mis amores;
nadie calma mis dolores
y en celos me siento arder.

¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo
ni ceder a mi tristura,
ni consuelo en mi amargura
podré jamás encontrar.

Supe amar como ninguna,
supe amar correspondida;
despreciada, aborrecida,
¿no sabré también odiar?

¡Adiós, patria! ¡adiós, amores!
La infeliz Zoraida ahora
sólo venganzas implora,
ya condenada a morir.

No soy ya del castellano
la sumisa enamorada:
soy la cautiva cansada
ya de dejarse oprimir.

Te adoro...


Yo quiero que entre mis brazos
los tuyos no estén ausentes
porque te amo y te adoro
en pasado y en presente…

En pasado por esas historias
que en mis labios tú plantaste
y por esos sueños hermosos
que en mi alma tú dejaste.
Necesito que tú sepas
que te adoro con el alma
que siempre estás en mi vida
y que mi corazón te ama.

No son solo unos versos
aunque en versos yo te escriba
son mis deseos hermosos
que llenan de amor tu vida…

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